ESCUDRIĐANDO  
 
  PARÁBOLAS DE JESÚS 23-07-2017 06:40 (UTC)
   
 




PARÁBOLA SEMANAL

CADA SEMANA APRENDEREMOS DE ESTAS, TOMANDO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS EL FIEL REFLEJO DE LAS MISMAS.

POR FAVOR:  Busque después de la siguiente información, la respectiva parábola.

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COMPARACIÓN

 

Parábola, que en griego significa: “comparación”

 

En varios de los dichos y enseñanzas de Jesús, es muy obvio que siempre se asoma una parábola:

 

                        “Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre (dice Jesús) y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera REVELAR.”  San Mateo 11:27.

 

La parábola es un símil elaborado donde el relato, aunque ficticio, es verosímil, en contraste con la fábula.

 

Se usan para ilustrar una enseñanza, y las aplicaciones que el oyente hace de ésta le resultaran inolvidables.

 

El diálogo del Maestro con sus discípulos en el pasaje descrito en el evangelio de San Mateo 13 del verso 10 al 17 es más que explicativo:

 

                       “Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿por qué les hablas por parábolas? Él respondiendo, les dijo: porque a vosotros os es dado saber los misterios del Reino de los Cielos; más a ellos no les es dado. Porque a cualquiera que tiene se le dará, y tendrá más; pero el que no tiene, aún lo que tiene le será quitado. Por eso les hablo por parábolas; porque viendo no ven y oyendo no oyen, ni entienden. De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo: de oído oiréis, y no entenderéis y viendo veréis y no percibiréis. Porque el corazón  se ha engrosado, y con los oídos oyen pesadamente, y han cerrado sus ojos; para que no vean con los ojos, y oigan con los oídos, y con el corazón entiendan y se conviertan, y Yo los sane.  Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos porque oyen. Porque de cierto os digo, porque muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.”

 

Desde la antigüedad y en el presente, a la mayoría nos ha sido sumamente difícil llegar a comprender los misterios de Dios.

 

Cuando el Mesías hablaba con las multitudes, debió expresarse de una manera simple y llana, para que las masas comprendieran las enseñanzas que les daba y al mismo tiempo nos dejaba para la posteridad. Por lo cual, sabemos de sus preceptos y mensajes a través de la parábola.

 

Les decía a sus amados discípulos:

 

                     “porque ha vosotros os es dado saber los misterios del Reino de los Cielos; más a ellos no les es dado” (verso 11).

 

Ha llegado el momento de escudriñar su Santa Palabra, recibir la revelación por su medio y por el Don del saber que da el Espíritu Santo:

 

                      “Para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de Él, alumbrando los ojos de  vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que Él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares Celestiales sobre todo principado  y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo  sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la Iglesia, la cual es su Cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.”  El Apóstol Pablo, nos lo delega en Efesios 1: 17-23.

 

Comprendemos que Dios, nos revela las cosas única y exclusivamente por medio de la unción que da su Santo Espíritu. Si somos creyentes en Él, tendremos la opción de clamar por entendimiento y revelación de lo escrito en su Santa Palabra, La Biblia.

 

Dios nos dice:

 

                “Clama a Mi, y Yo te responderé Y TE ENSEÑARE COSAS GRANDES  Y  O C U L T A S  QUE TU NO CONOCES.”   Jeremías 33: 3.

 

Por medio del apóstol Pablo, a los gentiles, los cuales somos Usted y yo, nos es dicho:

 

                 “Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo (mundo) ni de los príncipes de este siglo, que perecen.  Más hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos de nuestra gloria, la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria. Antes bien como está escrito cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, sino las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los  hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios  para que sepamos lo que Dios nos ha concedido lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas con sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espí ritu de Dios, porque para el son locura y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero el no es juzgado de nadie. Porque ¿quién conoció la Mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Más nosotros tenemos la Mente de Cristo.”  1ª. Corintios 2: 6-16.

 

El propósito de Jesús es revelarnos sus misterios a través de su Palabra:

 

                 “Con muchas parábolas como éstas les hablaba la Palabra, conforme a lo que podían oír.”  San Marcos 5:33.

 

Pero los misterios, pueden percibirse solamente cuando nuestra mente, que debe ser en lo posible, semejante a la Mente de Cristo; está abierta hacia Dios.

 

REVELACIÓN:

 

Definitivamente va de la mano con el discernimiento. Revelación en griego es “Apocalipsis” lo que significa: acción y efecto de correr el velo que encubría lo desconocido.  

 

Bíblicamente son de parte de Dios las revelaciones, como podemos ver en  el libro del profeta Amós 3: 7

 

                 “Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas.” 

 

Nosotros los Cristianos Evangélicos creemos que Dios nos habla entre otras muchas formas, por  revelaciones y ésta es un hecho perceptible; sus intermediarios, entiéndase: profetas y  apóstoles han sido muchos a través de los tiempos. Por siempre nuestro Señor Jesús es el Revelador por excelencia. 

 

En religiones varias se menciona a un profeta; a éste dicen se le revelo tal o cual cosa y lo que dijo, se quedó en simples palabras; no pasó nada, porque dicho profeta o Mesías murió, sin resucitar jamás. Además, a nadie se le permite que le sea revelada cosa alguna.  En resumen son religiones muertas.

 

En la antigüedad relatada en el viejo Testamento, nos enteramos de muchas maneras co mo Dios revelaba a su pueblo, por medio de los grandes profetas como Isaías, Jeremías, Daniel y varios más.

 

En los libros que actualmente llamamos “históricos”, los rabinos los denominan “Los Profetas Anteriores” esto porque Jehová hablo o reveló por medio de quien Él disponía, ya que Él es Soberano. Le habló o reveló por medio de Moisés a su pueblo Israel por la naturaleza. Acuérdese de la nube, el fuego, la brisa, etc. 

 

Las teofanías; esas grandes manifestaciones de su Divina majestad (Éxodo 19:16; 33:12 al 23).  

 

Las Angelofanías, han sido siempre inseparables en las revelaciones. Comparándolas con la oración, son un diálogo entre Dios y los humanos.

 

El clímax de todas las revelaciones desde el Nuevo Pacto hasta nuestros días y por la eternidad es sin duda nuestro Señor Jesucristo el cual es al mismo tiempo su autor y objeto, como leemos en Hebreos 1:1 en adelante y en Hebreos 12:2.

 

Una de las mayores y porque limitarnos en decirlo; la mayor revelación de Dios a nosotros los humanos es el Cordero de Dios, la salvación de nuestras almas por gracia.  Otra es la manifestación del Reino de los Cielos, predicada por el mismo Jesús en su inolvidable Sermón del monte y sinópticamente en muchas parábolas.  

 

Él nos reveló que es el Hijo de Dios, el Mesías prometido, el Siervo de Jehová. Siendo los discípulos testigos de estas gloriosas revelaciones a las cuales creemos firmemente. ¿Usted también las cree?

 

Nosotros los mensajeros de su Palabra en muchas maneras, que al igual que los discípulos autorizados por Jesús, según la cita escrita con carácter irrevocable y plenipotenciario, del evangelio según San Lucas 10:16

 

                       “El que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el que me desecha a mí, desecha al que me envió.”

 

Lo ordena en Juan 20:21

 

                     “Entonces Jesús les dijo otra vez: paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también Yo os envío.” 

 

Se nos envía fortalecidos por el Espíritu Santo de Dios a llevar revelación al mundo entero.

 

Por lo cual los Dones que imparte el Espíritu Santo, siguen en pie, lo que asegura en definitiva, una revelación sin interrupciones. 

 

En la Biblia hay un sinfín de revelaciones unas tan bellas como las otras. Las parábolas de Jesús a todos los seres en todos los tiempos, son una real confirmación de ello.

 

Toda parábola tiene en su núcleo un mensaje, el cual se ejemplifica de la vida cotidiana para hacer la historia o lo que se desea transmitir, completamente entendible de una manera simple y sin tener que comprenderla bajo un término intelectual.

 

En el amor de Jesús, le pido que siga los pasos que enumero a continuación, para llegar a asimilar a la perfección, lo escrito en éste libro:

 

1.- Ore, a Dios Padre en el Nombre de Jesús y guiado por el Espíritu Santo de Dios.

 

2.- Lealas con toda su atención.

 

3.- Escudríñelas muy detenidamente y con espiritualidad.

 

4.- Medítelas.

 

5.- Póngalas en práctica,  

 

6.- Regocíjese en ellas, y

 

7.- Compártalas con sus semejantes. 

 

El Santo Espíritu de Dios, le ilumine siempre.

 

Usted está en absoluta libertad de ampliar para sus sermones, estudios o pláticas, estas muy breves aplicaciones a las respectivas parábolas escritas a lo largo de los cuatro Evangelios.

 

 

 

José  A.  Rivera  M.

El Autor.
(Un breve extracto de la Introducción del Libro LAS PARÁBOLAS DE JESÚS: UN PARALELISMO ACTUAL.


“LOS  OBREROS  EN  LA  VIÑA”

 

 

 

San Mateo 20: 1-16

 

 

                     “Porque el Reino de los cielos es semejante a un hombre, padre de familia, que salió por la mañana a contratar obreros para su viña. Y habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Saliendo cerca de la hora tercera del día, vio a otros que estaban en la plaza desocupados; y les dijo: id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo. Y ellos fueron. Salió otra vez cerca de las horas sexta y novena  e hizo lo mismo. Y saliendo cerca de la hora undécima, halló a otros que estaban desocupados; y les dijo: ¿Por qué estáis aquí todo el día desocupados? Le dijeron: porque nadie nos ha contratado. El les dijo: id también vosotros a la viña, y recibiréis lo que sea justo. Cuando llegó la noche, el señor de la viña dijo a su mayordomo: llama a los obreros y págale el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros. Y al venir los que habían ido cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario.  Al venir  también los primeros, pensaron que habrían de recibir más; pero también ellos recibieron cada uno un denario. Y al recibirlo, murmuraban contra el padre de familia, diciendo: estos postreros han trabajado una sola hora, y los has hecho iguales a nosotros, que hemos soportado la carga y el calor del día.  Él, respondiendo dijo a uno de ellos: amigo no te hago agravio; ¿No conviniste conmigo en un denario? Toma lo que es tuyo, y vete; pero quiero dar a este postrero, como a ti. ¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tu envidia, porque yo soy bueno? Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros; porque muchos son llamados, más pocos escogidos.”

 

En el glorioso Nombre de Jesús, Autor y Maestro de estas Santas enseñanzas, vamos a seguir instruyéndonos por medio de las mismas.

 

Ésta es muy ilustrativa también; aquí encontramos el núcleo de la enseñanza en los párrafos finales: “Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros; porque muchos son llamados, mas pocos escogidos.” (verso 16).  Es decir: los que lleguen primero, serán calificados por último y los últimos en llegar, serán declarados, los primeros.

 

Ante toda razón y lógica, suena en extremo contradictorio. Recordemos que las razones disposiciones y tiempos en la dimensión de Dios, son diametralmente opuestas a las de nosotros los humanos.  Está aquel versículo que nos dice muy confusamente para ser analizado por nuestra limitada mente; que:

 

               “para Dios un día es como mil años y mil años  como un día.” 2ª. Pedro 3: 8 b.

 

Más en el espíritu, el ser espiritual, faculta a discernir estos misterios de Dios; siempre teniendo el aval de Él.

 

Deducimos de esta enseñanza que para el Reino de Dios, el haber aceptado el Santo Evangelio de Jesucristo, en absoluto nos otorga ventaja comparativa con aquellos que le han reconocido tiempos después.  Las bendiciones de Dios, son equitativas para todos sus hijos.  Él no hace acepción de personas.

 

Los que hemos sido transformados de criaturas a hijos de Dios por medio de Jesucristo, llegamos a tener un largo proceso de aprendizaje y llenura del Reino, por medio del Espíritu Santo quien nos dio los parámetros y lineamientos para hacer lo que a Dios le agrada que sus hijos hagan o actúen conforme a sus propósitos.

 

Muchos que al igual que el Apóstol Pablo u otros mártires, sufrieron grandes penalidades y vicisitudes, por mantenerse en los caminos del evangelio; alcanzaron con ese proceder buen galardón, habiendo sido gratos a los Santo Ojos del Todopoderoso.

 

Otros que precisamente ayer u hoy a la mañana, han confesado con su boca, que Jesús  es su Señor y Salvador también han alcanzado buen galardón y hallado gracia ante los Santos Ojos del Dios Todopoderoso.

 

Para Él no hay diferencia entre unos y otros. Es por eso que nos ilustra con esta bella y rica parábola: que, así como aquel hombre, padre de familia fue y se buscó jornaleros para trabajar en su viña; los iba encontrando conforme pasaba por los lugares en donde habían personas desocupadas, necesitadas de ganarse el sustento diario para ellos y sus necesitadas familias. Conforme les favorecía, les enviaba a su viña. Algunos empezaron las labores muy temprano, otros a medio día y los postreros casi al final de la jornada.

 

La paga fue igual para todos. La oposición se hizo presente a causa del inconformismo.

 

De la misma manera, nuestro Amado Señor Jesús, vino a buscarnos para ofrecernos la oportunidad de trabajar en su viña, ser perdonados, salvos para vida eterna juntamente con Él.

 

Al irnos encontrando y nosotros aceptando su oferta, fuimos enviados a las tareas asignadas.

 

Nuestros hermanos en Cristo, han estado llegando escalonadamente a esta misma viña del Señor. Las recompensas serán las mismas.

 

Las recompensas, que son sinónimo de: galardón, pago, premio o retribución; están listas para todos aquellos que permanecen o laboran de corazón en la Obra del Señor:

 

                        “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís.”  Colosenses 3: 23, 24.

 

Muchos escuchan el evangelio por todo el mundo, siendo llamados a venir al oportuno arrepentimiento; pero no todos serán escogidos.

 

Un altísimo porcentaje de los que con anterioridad hemos llegado a los correctos caminos de Dios, nos hemos estancado, laborando muy poco. Otros, que están llegando de último, han trabajado con mayor ahínco y esmero. “los primeros, serán postreros y los postreros, primeros.”

Amén.

Absoluta Gloria y Honra a Dios.

José  A. Rivera M.
Editor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 
  ESCUDRIÑANDO A PROFUNDIDAD
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

  JESUCRISTO VIVE!!!
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